miércoles, 7 de julio de 2010
Dos abrazos
Dos momentos añorados desde la profundidad existencial. Dos pedacitos de vida que son tan diferentes pero se sienten en igual dimension de inmensidad. Dos abrazos que marcan rumbos en tiempos de guerra interna. Espacios prolongados de cariño inmesurable, de cupula espiritual, y a la vez total fragilidad en la que quebrarse es mas que posible, y enloquecer es casi un hecho. Dos abrazos que vienen de las mas grandes obsesiones del mundo. Pares en casi todo lo que significa la necesidad de afecto cuando el sol ya no alumbra y la noche ya no canta. Cuando la lluvia se impregna y cuando el camino se hace infinito. Es el grito desesperado, galactico, inframundial de los mas reconditos dominios de la naturaleza cuando los ojos hablan al no poder llorar mas. Necesitar siquiera cambiar todo un arraigo de orgullo y quizas algun instinto de razon por tan solo acobijarse en sus brazos para sentir el pedacito de cielo que significan esos 30 segundos en los que los dedos se entumecen de tanto sentir la energia palpable en el otro ser. Es como erigirse y elevarse en una especie de nirvana efimero. Cuanto extraño esos dos abrazos que la nostalgia misma rompe en llanto. Dos acobijos tan distantes como el Sol, y tan imposibles como la muerte.
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