Veo. Veo mucho más que existen rostros, canciones y versos que me hacen lo que soy. Un producto de lo inevitable de la vida, un espejo del pasado que me encuentra sumergido en las innumerables interrogantes que quedaron flotando a lo largo de la historia de la humanidad.
En este cuarto a veces existe un silencio que ensordece; que duele, que irrita, que consume, no te deja mover a ningun lugar. Y uno, atado a su artefacto que le brinda todo, se siente desanimado de realizar el mas mínimo intento de salir de el estado más crítico en el que se puede estar.
Que pena por las ilusiones que abandonaron mas temprano que tarde mi alma. Y lo curioso es que siempre tuvieron un epílogo similar. Yo intentando con desespero evitar su inminente partida, y ellas con la libertad que les da su condición de ser las que disponen, siempre se veían en la necesidad de buscar su completa libertad, la cual, correspondiendo mis sentimientos, significaría su termino. Y que Dios me juzgue si es que no lo intente hasta el final. Cometí errores como los comete cualquier mortal. Pero ame desmedida y profundamente, comprometiendo muchas veces obligaciones y hasta mis sueños, por los que ahora veo con mucha tristeza que los cuantiosos esfuerzos que realicé, fueron en vano.
Ahora sigo solo como lo estaba al principio de esta travesía por la tierra del imperialismo yánqui. Con mi padre al lado una madrugada partí hacia lo desconocido, pero ni aun en esos momentos me sentí en lo más mínimo acompañado. El día que me marche de Lima y abandone a mi madre, morí para siempre. Deje la pureza, la inocencia, y lo soñador que era en mi niñez, para ser sumergido en las entrañas de la realidad y lo pusilánime que es la verdad del hombre y su mundo.
Mi muerte, cuando acaezca, dirá alguna fecha que en este momento desconozco o me interesa saber. Sin embargo para mí, la fecha es y siempre será aquel pasado dieciséis de marzo de mil novescientos noventa y nueve. Ese día me volví un alma que solo odia lo que es el mundo en el que vive. La maldita crueldad deliberada contra lo noble y puro, contra el amor, la verdad y la esperanza. Soy un frasco lleno de odio hacia mi mundo. Lo aborrezco y desearía poder acabarlo con mis propias manos para dar comienzo a otro.
Pero eso siempre se me ha hecho imposible desde que era un niño, aun ahora que siempre destaco donde voy gracias a mi habilidad musical que se torna como la única vida que podria ejercer en esta nefasta sociedad. Sin embargo, La música me permite expandir mis ideales y filosofía con facilidad, y pretendo usarla como tal para dejar mi granito de arena en esta tierra que ha visto mares de tristeza y desolación causadas por nuetsra propia especie. Los mas grandes compositores, mentores y luchadores han sufrido de este maldito mundo.
Desempleado, deprimido y solo. Si, es verdad que se me puede tratar de un miserable que no tiene las agallas de levantarse de su silla. Es verdad que siempre lo intente, sobre todo con las mujeres que quise. Y tambien es verdad que he perdido muchas batallas. De todos modos, no me siento un perdedor porque hasta ahora no he perdido batalla algo que compremeta esto que siento que es mi papel y mi obra en esta porquería inmunda de sociedad: La Música.
Pues la vida golpea y duro. Sé que un solo hombre no puede cambiar la realidad de millones, de la humanidad. Como mis ancestros, tengo que aprender a buscar el pasaje, el canal dentro de la ola, esta ola que es la adversidad. Asi tal como Beethoven, podría nunca ser correspondido en lo sentimental. Asi tal como Chopin, quizá muera joven y lejos de mi tierra. Asi muchas cosas, solo me queda seguir intentadolo.
Hasta la muerte.
Harold Lértora